miércoles, 18 de agosto de 2010

MUERE EL PROPIO DESAMOR


Se esconden los sueños en espejos opacos

Alla donde no existe el ocaso


Y el insinto donde convergemos

Se pierde en el camino donde muere lo asombroso


El cuento de las historias perdidas

Se posa en mi hombro


Nacen las llagas

Que se ven desde el lado oscuro


Sale de la sombra

El fantasma que cierne mi alma

Pero que sella la palabra

Que te llama amor

1 comentario:

  1. Es un poema extraordinario Irene has redefinido tu estilo en un tiempo record y además estás dejando entrever que manejas bien varios registros lo que le da más valor a tu capacidad retórica, mi estilo por ejemplo es más cerrado temáticamente.

    Por otra parte creo que hasta el momento es el mejor poema de los que te he leído aunque siento debilidad por “No es comparable a ti”, un poema hermosísimo que literalmente me ha enamorado y que, como veras, aun no he sido capaz de comentarte, siempre lo dejo para otro momento porque quiero ser muy claro en la pasión que me ha despertado ese poema.

    (Por cierto con “el corazón del poeta” me ocurre algo parecido, son dos joyas)

    En cuanto a tu último poema siento que se encierra en sí mismo, a modo de todo que lo contiene todo, de hecho sus estrofas se preguntan y se responden ellas mismas.

    También me ha parecido muy inteligente (y lleno de sensibilidad romántica) el cierre del poema y créeme que es difícil terminar este tipo de versos con un contenido tan arcano y subjetivo.

    El dolor en tu poema es más sereno, está impregnado de resignación, a modo de que la tristeza te hubiera ganado un pulso en el momento d escribirlo (a mí me ha pasado lo mismo un montón de veces)

    Por último no definiría “muere el propio desamor” como una composición nostálgica porque con gran habilidad has logrado que tu poema no quepa en un espacio temporal (eso lo has bordado) por lo que se adapta a pasado y futuro con una espontanea naturalidad.

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Yo. En esta misera lección del olvido aún aprendo que sigo viva... Yo. En esta cisoria lección en que nadie me tendría que obligar a marcha...